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El ¿Retorno a la Presencialidad?

Desde hace casi un año -en nuestro país- ha sido afectada nuestra vida cotidiana (y la “habitualidad” a la que estábamos acostumbrados), por el desorden desatado por la pandemia del SARS-COV2. Todas las actividades, sin distinción alguna, desde el 20 de marzo de 2020, se vieron suspendidas o alteradas en su funcionamiento, bajo una única premisa: “CUIDAR LA SALUD Y LA VIDA” de todos los habitantes del territorio argentino.

Con implicancias no simpáticas o agradables para todo el conjunto de la población, pero sin que nadie pueda negar la mitigación de la consecuencia más gravosa de este virus, que a todo el mundo tiene “en vilo”, ha ido transcurriendo nuestra vida.

La Escuela, como elemento y parte de nuestro Estado, también vio afectada su normalidad.  La educación formal y no formal -por otro lado- esa actividad, ese proceso de transmisión que se llevaba a cabo fundamentalmente en la escuela, no se interrumpió; no fue igual, ciertamente, pero no se interrumpió.

Los Docentes supimos “aggiornarnos” y ponernos al día en TIC’s[1], para hacer frente a la única modalidad que requería -y permitía- la situación y el contexto, de modo de no interrumpir la educación de nuestro alumnado. Así, el proceso educativo, no vio suspendida su tarea.

La interrupción de la asistencia a las escuelas, se planteó como una necesidad. Fue (y es) necesario, limitar al máximo el contacto entre las personas, para de esa forma, evitar la multiplicación del contagio por SARS-COV2. Todos sabemos que la escuela genera una enorme concurrencia de personas, que comparten un mismo espacio físico e inevitablemente provoca contacto entre las mismas.

Estamos convencidos de que esa interrupción, momentánea -aunque aún perdure-, ha sido una decisión correcta por parte de los gobernantes y también -y no se entienda contradictorio- estamos convencidos de que la escuela, debe en algún momento  retomar su “habitualidad” y su función en las sociedades, pero aún no estamos convencidos de que haya llegado el momento de hacerlo. Por un lado y seguramente el más determinante, porque no es cierto que la seguridad sanitaria haya alcanzado un nivel tal, que certifique la no peligrosidad de contagiarse o que, de provocarse el contagio, hayamos alcanzado un buen nivel de respuesta y tratamiento para la enfermedad provocada por el virus; por otro lado, porque tampoco se ha logrado un verdadero consenso sobre lo que significa e implica un regreso seguro a la escuela. No es que no se haya trabajado al respecto, pero sí, no se ha trabajado lo suficiente para lograrlo y aun queda mucho por hacer.

Así como en el pasado marzo de 2020, por observar lo que venía sucediendo en el resto del mundo -países de Europa, por ejemplo- se pudo tomar una decisión lo bastante prematura que sirvió, como dijimos, para mitigar la peor de las consecuencias, también debemos observar ahora lo que sucede en esos países, que de algún modo nos permiten vislumbrar el futuro (o al menos, unos meses hacia él). Italia aplazó su regreso a clases para el nivel secundario, y muchas regiones de ese país, también lo han hecho para los niveles más bajos. Alemania también pospuso el inicio de clases presenciales en todos sus niveles y en casi todo el país, aunque en algunos de sus estados se propuso el regreso escalonado, con grupos burbujas reducidos. En el Reino Unido, a pesar de no haber decretado desde el inicio de la pandemia una cuarentena general, el 5 de enero de 2021 el gobierno dispuso que así haría, y las escuelas, que estaban prestas a abrir y a recibir al alumnado, no lo hicieron. En Austria las clases se retomaron en forma virtual y no existe fecha para retornar a la presencialidad. Estos son algunos ejemplos de países, cuyos gobiernos han decidido no retornar a la presencialidad escolar, luego del periodo estival invernal. Dejando de lado el continente europeo, en América -Brasil-, existen ya nuevos casos de la enfermedad, con una nueva mutación del virus y que han obligado a “cerrar” traslados desde ese país al resto y del resto a aquél. Todo esto, sumado, nos permite afirmar y convencernos aun más de que todavía no es el momento oportuno para un retorno seguro a las escuelas.

La OMS[2], a principios de enero de 2021, en un comunicado, ha expresado: “La transmisión sigue siendo alta y ahora se suma el riesgo por las nuevas mutaciones del SARS-COV2” … por su parte, el director general regional de la Unión Europea, refiriéndose a las escuelas, dijo: “No nos olvidemos de las lecciones que hemos aprendido de forma tan cruda: abrir y cerrar rápidamente, es una estrategia pobre”.

Ahora bien, ¿de qué sí estamos convencidos de ser el momento? (y lo venimos manifestando desde junio del 2020), de tener que aceptar, incorporar y diseñar la modalidad de la educación virtual. Todos los actores de la educación debemos participar de este nuevo paradigma que se ha instalado y debemos atenderlo responsablemente. No sirve de nada negarlo o rechazarlo, ello sólo nos hará perder la oportunidad de educar y ser educados. No hacerlo, es provocar mayor desigualdad y generar mayores asimetrías entre los alumnos y alumnas de nuestra provincia, y de nuestro país.


[1] Tecnologías de la Información y Comunicación

[2] Organización Mundial de la Salud

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